Agro-tóxicos: Cuando el negocio es contaminar

Existen tres posturas notorias, y diversas maneras de llamarlos: agroquímicos, fitosanitarios, agrotoxicos. Detrás de estos nombres hay argumentos. Algunos promueven su empleo, otros tratan de tener una postura “neutra”, y también están los que buscan su prohibición, y se nuclean en la multiplicidad de organizaciones que luchan contra su aplicación, este es el informe que preparo Diario Digital El Panorámico.

*Por Agustina Sarla / El Panoramico

Los agroquímicos son compuestos o sustancias manufacturadas por la industria química, que se utilizan en la agricultura. Se componen por dos grupos principales: los fertilizantes y los plaguicidas. Asimismo, estos últimos están compuestos por los herbicidas, insecticidas, fungicidas, entre otros.

Según estudios de la UNLP y CONICET, las lluvias de Argentina presentan concentraciones elevadas de herbicidas: como el glifosato y la atrazina.

Científicos del EMISA de la Universidad de La Plata, agregan otros datos: 9 de cada 10 hisopos, toallas femeninas y tampones contienen residuos de glifosato. En tanto, la totalidad de las gasas y algodones que hoy llegan a los botiquines de los hogares se encuentra contaminada con el herbicida.

En cuantos a los alimentos: 6 de cada 10 frutas y verduras adquiridas en verdulerías de Buenos Aires y evaluadas por científicos de UNLP dieron positivo en al menos un plaguicida. Siendo la Zanahoria, naranjas y lechuga, los más contaminados.

La organización Mundial de la Salud no se quedó atrás y en 2015 calificó a este herbicida como «probable cancerígeno para los seres humanos».

En el año 2017, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria prohibió el uso de la palabra “agrotoxico”. La orden interna firmada por el ingeniero agrónomo Hernán J. Trebino, determinaba: “Estimados Directores: En las comunicaciones de los profesionales, así como en los materiales impresos, virtuales, o en cualquier otro tipo de comunicación institucional correspondiente al INTA o a alguna de sus unidades, Programas, Proyectos, o instrumentos de intervención, cualquiera sea su categoría, deberá practicarse una abstención irrestricta del empleo del término “agrotóxico”. Se debe emplear “productos fitosanitarios” o “agroquímicos” en vez de “agrotóxicos” o cualquier otra referencia que implique un posicionamiento sobre estos productos que no se corresponde con decisión institucional alguna.

LA GRIETA DE LOS QUIMICOS:

En Santa Fe, en el año 1995, se sancionó la “Ley de Fitosanitarios”. Fue aprobada por unanimidad por todos los partidos patronales. La misma dictamina una distancia de 500 metros libres de fumigaciones terrestres y 1.000 metros de aplicación aérea alrededor de las zonas urbanas.

Carlos Del Frade, periodista y actual diputado provincial (FSP), considera que esta ley se ha convertido en letra muerta: “No se cumple en toda la provincia, lo cual es un espanto.  Se han interpuesto recursos judiciales donde lo administrativo de cada comuna y de cada municipio está por encima de la ley.Son estos criterios, los que se imponen en la justicia. Hoy se fumiga arriba de la cabeza de los chicos que van a las escuelas” sentenció.

En 2015, la Diputada Provincial (FPCyS), Inés Bertero, presentó un proyecto para reformar la Ley de Fitosanitarios. Entre disputas, logró media sanción dos años después, pero finalmente perdió estado parlamentario, al no incluirse en extraordinarias para su tratamiento en Senadores.

La llamada “Ley Bertero”, fue elaborada en base al consenso de entidades públicas y privadas (INTA, SENASA, Ministerio de la Producción, UNL, aeroaplicadores, ingenieros agrónomos, contratistas rurales, proveedores de insumos e instituciones ruralistas), e introducía un novedoso mecanismo de control con la figura del veedor, rol que cumpliría un agrónomo en cada distrito para autorizar y fiscalizar pulverizaciones. También promovía la agroecología, a partir del establecimiento de una franja periurbana libre de productos de síntesis química, denominada Zona de Producción Especial. E incluso establecía mayores restricciones para pulverizaciones aéreas a las dispuestas en la normativa vigente.

Por su parte, la Ministra de Producción, Alicia Ciciliani, manifestó en diferentes medios de comunicación, una postura regulatoria y no prohibicionista de la actual Ley, afirmando que “no hace falta una nueva, sino hacer cumplir la que ya tenemos”

A finales del año pasado, el actual Gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, presentó un programa denominado “Buenas practicas Agropecuarias”. Su coordinador, Andres Silvestre Begnis, sintetizó los 3 ejes del proyecto: Optimizar la implementación y el cumplimiento de la Ley 11.273 de fitosanitarios y la 10.552 de uso y conservación de suelos. Darle asistencia a municipios y comunas de toda la provincia y, por último, fortalecer el entramado institucional y la interacción con las entidades del sector.

En el acto realizado en la Casa De Gobierno, el Gobernador expresó:  “Nadie puede cuestionar la necesidad del cuidado del medio ambiente, del suelo, de evitar la contaminación de los acuíferos, del aire, de preservar las condiciones de desarrollo de la humanidad y de todas las especies vegetales y animales de nuestro ecosistema”, sostuvo el gobernador, y recordó que en la provincia “las comunas y los municipios están preocupadas por los problemas ambientales y el manejo de los fitosanitarios, y también vienen haciendo una experiencia” al respecto.

En mayo de este año, y con el objetivo de instalar, nuevamente, el debate parlamentario sobre ésta problemática, el diputado radical Santiago Mascheroni (UCR-FPCS), presentó en diputados un nuevo Proyecto de Ley. En paralelo, el Senador justicialista Rubén Regis Pirola (BJ-Las Colonias); ingresó en la cámara de Senadores otro de su autoría, a tratarse en las respectivas comisiones internas.

 

EL MODELO AGROQUIMICO POR EXCELENCIA

Según un informe publicado en la Argentina el agroquímico clave es el glifosato: se aplican más de 300 millones de litros por año, distribuidos en unos 28 millones de hectáreas de nuestro país.

A estos números se le suma los recogidos por el periodista Patricio Eleisegui, autor de los libros “Envenenados” y “AgroTóxico”. El escritor realizó diversas investigaciones en diferentes provincias sobre el impacto ambiental del uso de los agrotóxicos y revela, en su última publicación, que en Argentina no existe un solo producto surgido de la tierra de forma intensiva que se elabore sin la utilización de agroquímicos.

Además, asegura que en nuestro país se pulveriza, promedio, 7.6 litros de plaguicidas por habitante y que somos el país con mayor consumo de glifosato en el planeta, en términos de cantidad de población y por consecuencia quedan estos tóxicos en los alimentos y en los productos que consumimos.

Eleisegui también se pronunció en contra de las “buenas prácticas agropecuarias” cuestionando a aquellos funcionarios o productores que se excusan en esto asegurando que se puede realizar una aplicación controlada: “Los plaguicidas por su propia dinámica se trasladan durante kilómetros a través de las derivas, del polvo, del consumo de frutas y verduras, y es eso lo que nos está afectando a nosotros, más allá de los trabajadores que lo pagan con su propia salud”, explicó.

Según el escritor de Agro Tóxico, “Todos los gobiernos, desde el 1996 hacia acá, han hecho aprobaciones de transgénicos, algunos más y otros menos. De esta manera, considera que Argentina es el país que más le ha abierto la puerta al desarrollo de transgénicos: “Es una decisión de Estado más que una decisión de gobierno”. Al mismo tiempo indicó que las grandes compañías, cuentan con el aval de los gobiernos de turno para desarrollar este tipo de tecnologías que después se intenta imponer en los mercados del resto del mundo.

 

 

LUZ VERDE A LAS MULTINACIONALES:

La historia de los transgénicos en Argentina comenzó con el ingreso de Monsanto, en 1995. En el gobierno de Carlos Menem.  Durante los años siguientes el modelo agroquímico se profundizó abruptamente.

En el año 2016, según datos del ISAAA (International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications) Argentina se posicionó tercero en el ranking mundial de producción transgénica con 23.8 millones de hectáreas, sólo superada por Brasil y EE.UU. Esto significa el uso de entre 3,5 y 4 millones de toneladas de agroquímicos por año a nivel país.

 

¿SI ES BAYER ES BUENO?

En junio de 2018, la gigante farmacéutica “Bayer” compró a la empresa Monsanto, líder en la fabricación de agroquímicos y en la producción de soja transgénica. Bayer se transformó así en la mayor empresa de semillas transgénicas y agrotóxicos del mundo. ´

A 23 años del ingreso de Monsanto en Argentina, el país se ha estructurado bajo un modelo productivo que tiene como foco de producción a este tipo de semillas, modificadas especialmente para resistir los agroquímicos.

Del Frade considera que este paradigma de producción económica es resultado de la imposición de las grandes multinacionales. “Las empresas vinculadas a la exportación de la soja crecieron un 240% en un año y son ellas las empresas más poderosas y las más insertas en el mapa internacional de los negocios, además de ser las que imponen la pauta económica de producción en la provincia de Santa Fe”

Consultado por la relación entre semillas transgénicas y agroquímicos, Ricardo Serruya, periodista y escritor Santafesino, autor del libro “La Venganza del Amaranto”, explicó: “Es un enorme negocio, la mayoría de estas empresas te venden la semilla. Las semillas tienen una modificación genética, se fabrican en un laboratorio. Solo pueden crecer si se le tira un producto que tenga las mismas características genéticas (funciona como una especie de “anticuerpo” a ese veneno). Eso hace que todo lo que este alrededor y que no tenga esa mutación genética muera. También contamina la tierra, el agua, y también enferma a las personas que lo aspiran o que lo comen.

 

AGROTOXICOS AL PLATO: ¿ESTAMOS CONSUMIENDO VENENO?

“Estoy totalmente de acuerdo con esas observaciones” declaró el Diputado Provincial, Del Frade, y continuó: “Hay estudios actuales sobre la presencia del veneno, no solamente en peces, sino también en distintas verduras, en distintos productos que nosotros usamos generalmente como alimentos. Es muy preocupante lo que está pasando sobre la cuestión de la alimentación como consecuencia de subordinar todo lo que tiene que ver con la salud al imperio de las grandes multinacionales que son las que manejan el negocio agropecuario”

En esta misma línea, Ricardo Serruya, aseguró: “En Argentina se tira veneno en todos lados, y no hay producción hoy que no sea transgénica. Es cierto que hay pequeños grupos que resisten a esto y trabajan desde la agroecología, pero hoy la papa, el maíz, el trigo, la soja, la frutilla, la naranja, el algodón, la mandioca, el arroz, el lino, y la cebada son todas transgénicas”

En relación a su postura frente al uso de agroquímicos en la producción resaltó: “Es cierto que hay gente que quiere cambios radicales y dicen: Mañana hay que prohibirlo. A mí me parece que no podés cambiar el modelo productivo tan dependiente esta zona, de esta región del día a la noche.  ¿Vale la pena que la gente se enferme y muera por esto? No. ¿Podemos cambiar de lunes para martes? Creo que tampoco. Hay que ir escalonadamente hasta llegar a un momento donde volvamos a producir como se producía antes y hay experiencias que lo demuestran.

Por otro lado, Jorge Rulli, experto en desarrollo sustentable y uno de los fundadores del Grupo de Reflexión Rural que inició en la Argentina la lucha contra los transgénicos brindó una entrevista en marzo de este año y expresó “El principal modelo aplicado en los últimos 30 años de globalización en América Latina es el del agrobusiness: Convertir lo agrario en un negocio”

Carlos Del Frade coincide con esta postura, y aclara: “Es un fenomenal negocio extractivista. Se quiere buscar la rentabilidad lo más rápidamente posible, se lesiona el medio ambiente y la salud del ser humano. Vamos a tener como consecuencia una nueva forestal, con sus consecuencias sociales y sanitarias. La tierra va a convertirse en un desierto”

El panorama local no escapa al agro negocio, en Santa Fe no existen empresas locales ni empresarios que produzcan agrotoxicos. “Por lo general son multinacionales: Syngenta, Bayer, Monsanto, Nidera. Pero si hay acopiadores, explicó a este diario Serruya.

Finalmente, reconoce que salir de esta situación llevará tiempo y no será “de la noche a la mañana” ya que esto produciría “problemas económicos estructurales”. Además, cree que los gobiernos deben ir de a poco, “hasta llegar a un momento donde la producción sea absolutamente natural y no química”.

 

¿CATASTROFE ECOLOGICA?

Walter Pengue reconocido genetista vegetal Argentino, tituló en el 2017 “Catástrofe ecológica, inequidad social y ceguera política”, a su artículo para el sitio “La Vaca. org”. En dicha publicación expresó: “El cambio climático y ambiental global, junto con la demanda de recursos y el cambio de uso del suelo, nos muestran que, a pesar de los tibios esfuerzos de algunos, seguimos destruyendo el planeta de la especie humana y de todas las otras especies, que ciertamente, no lo desean, pero lo sufren.

Ricardo Serruya se manifestó a favor de esta línea de pensamiento y explicó: “Cuando exportamos soja, o trigo estamos exportando también, la vitamina, la riqueza, los minerales de la tierra y eso no se recupera. Este modelo encierra algo más que un problema ambiental.  Genera desocupación, pobreza en la tierra. Según censos sanitarios hechos por las Universidades Nacionales, algunas localidades presentan mayores porcentajes de cáncer y leucemia, que otras. ¿Cómo se entiende esto? ¿Es casual o causal? Hay una causa, es el modelo productivo que está enfermando y matando a nuestra gente. Entonces, es un problema de política sanitaria, económico y social”.

 

LA “SOLUCION” ORGÁNICA

Frente a todo lo expuesto, puede parecer difícil dibujar un escenario productivo diferente, pensando en una economía orientada hacia la ecología.

Walter Pengue plantea un enfoque inicial donde no se utilicen los agroquímicos, produciendo alimentos sanos que nutran, promoviendo de esta forma el consumo local y regional. “Que el vínculo entre lo que se produce y lo que se consume tenga como intermediario al agricultor, que hoy es expulsado. Que se mantenga una economía social de intercambios, que fluya además del dinero, y que disminuya la huella de carbono” explica el Ingeniero Agrónomo.

Por su parte Carlos Del Frade cree absolutamente necesario pensar una economía Argentina por afuera de los venenos: “Es fundamental pensar en un modelo de desarrollo distinto del que tenemos. Porque el que hoy tenemos premia la especulación, la productividad y desdeña la cuestión de la salud y el medio ambiente”

Por último, Serruya manifiesta: “Se puede encarar otro sistema de producción que no contamine, ni dañe a las personas y que a su vez genere mucha más mano de obra; Naturaleza viva es una experiencia que está en Guadalupe Norte, una localidad que está muy cerca de reconquista, al norte de la provincia. Tiene hectáreas muy importantes desde lo cuantitativo donde todo se produce de manera natural, no se tira un veneno, y hoy está vendiendo no solo para el consumo interno sino también está exportando. Eso demuestra que otro modelo es posible”

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