Desde 2023 aumentó un 600 % el volumen de cocaína que circula por Argentina. Hoy, tal como reivindican las cifras oficiales, hay un descenso de los homicidios ligados a pujas territoriales de las bandas narcopoliciales. Sin embargo, hay mayor cantidad de drogas. Como parte de ese entramado, un niño de 5 años fue internado en un hospital rosarino con rastros de cocaína en su orina.
Por Carlos del Frade
(APe).- La famosa guerra contra las drogas tiene como resultado la victoria del narcotráfico después de treinta años de formulada por el imperio.
En la Argentina oscura de la subordinación absoluta al gobierno de Donald Trump, uno de los mitos fundantes es que la administración de Javier Milei le está “ganando” al negocio multinacional y paraestatal.
Una gran mentira.
Las cifras oficiales relatan el descenso de los homicidios vinculados a las peleas territoriales de las bandas narcopoliciales en las principales cinco provincias argentinas, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y Mendoza. Y no hay forma de contradecir esa información.
Pero los mismos números oficiales también dicen que el volumen de la cocaína que circula hoy por la Argentina es cinco veces mayor al año 2023, es decir que aumentó un 600 por ciento.
Hay menos homicidios y hay más droga.
Por ende el narcotráfico crece en la Argentina de Milei de la misma manera que también sucede en distintos países del mundo como lo ratifica, cada 26 de junio, el informe de las Naciones Unidas en relación al negocio.
Cinco flujos de dinero, desde los años sesenta al presente, alimentan el corazón del sistema capitalista: petróleo, armas, medicamentos, narcotráfico y trata de personas. Y esa forma de acumulación no cambia, se consolida y adquiere otras máscaras. Pero es el esqueleto del presente.
Más allá de estos conceptos, quizás el particular caso de un chiquito de cinco años sintetice la verdad de lo que sucede hoy en esta nación que ha dejado de existir como país independiente.
El punto en el mapa es la ciudad de Rosario.
Valeria y Pablo son los padres de un chiquito que el 4 de septiembre de 2026 presentó alteraciones del sensorio, vómitos y desviación de la mirada.
El test de orina que le hicieron al nene en el Hospital Víctor Vilela de la ciudad de Rosario demostró que había consumido cocaína. Lo derivaron a terapia intensiva.
Los padres fueron acusados de tentativa de homicidio agravada por el vínculo porque en diciembre de 2024 y enero de 2025 el niño ya había estado internado en el mencionado nosocomio.
La mujer está desocupada y el hombre es cartonero.
Dice el periodista Martín Stoianovich que esta causa expone “una intervención de Niñez que en casi dos años no implicó un cambio integral en la situación del niño. El chico estaba referenciado en el centro de salud y este año mantuvo su escolaridad con intermitencias. Pero el marco de vulnerabilidad estructural advertido en 2024 no se revirtió y esa situación derivó en episodios más complejos ahora abordados por la fiscalía”.
Lo cierto es que el caso del niño de cinco años con presencia de cocaína en su cuerpo es consecuencia de un negocio fenomenal que no para de crecer en la Argentina de 2026 como es el narcotráfico.
Por más que haya reducción de homicidios, lo cierto es que la democratización de las drogas es cada vez mayor y cada vez es menor la cantidad de delincuentes blancos que son los que manejan el dinero que luego termina en los bancos.
Mientras crecen las ganancias y las mentiras, chicos de cinco años no pueden zafar del largo brazo del negocio.
Pero los acusados por tentativa de homicidio agravada por el vínculo son los padres del chico.
Los dueños del negocio no dejan huellas o si las dejan saben que gozan del tejido de impunidad diseñado desde arriba.