El Paraná y la resurrección de los 90

«La Argentina semicolonial se queda con la centésima parte de lo que producen sus miles y miles de trabajadores. Pésimo negocio para las mayorías. Un gran negocio para las minorías que concentran y extranjerizan las riquezas»

hidrovia

El miércoles 13 de abril de 2022, el gobierno del presidente Alberto Fernández, a través de la llamada Administración General de Puertos, adjudicó a la empresa Emepa S.A. la licitación 22/2021, correspondiente al “Mantenimiento de boyas, balizas y spars de la Vía Navegable Troncal”.

«Esto significa que Emepa continuará a cargo de las tareas de balizamiento hasta septiembre de 2022, siempre y cuando no se demore la ‘licitación internacional’ que definirá el responsable de operar la hidrovía hasta 2037», recuerda el reconocido periodista Mauro Federico.

Cuando en estos días miles de personas marchen en las calles de Capital Federal hacia el Ministerio de Transporte y también hacia la Bolsa de Comercio en la ciudad de Rosario, lo que estará en juego es esta disputa entre la resignación y la necesidad de recuperar algo de la soberanía económica y ambiental para democratizar la felicidad.

A cuarenta años de la guerra de Malvinas, cuando arrecian los discursos nacionalistas berretas, es indispensable sumar algo más a la repetida consigna “las Malvinas son argentinas”. Claro que lo son. Pero también la Argentina es de la Argentina. El Paraná y sus riquezas serán propiedad de los intereses extranjeros.

El peaje que se cobra a los casi 5 mil buques que se llevan cualquier cosa y que traen cualquier cosa, es un negocio de 300 millones de dólares y quizás sea eso solamente lo que quede en manos del denominado estado nacional. Pero el volumen de las exportaciones que se van por el Paraná son 30 mil millones de dólares.

La Argentina semicolonial se queda con la centésima parte de lo que producen sus miles y miles de trabajadores. Pésimo negocio para las mayorías. Un gran negocio para las minorías que concentran y extranjerizan las riquezas.