No fue un detalle menor la cuestión cultural. Las organizaciones culturales, educativas, universitarias fueron, para la estructura dictatorial, foco de peligrosidad. Y por eso se ordenó su infiltración. ¿El objetivo? Detectar “agentes propiciantes de la subversión y/o el terrorismo”.
Por Carlos del Frade
(APe).- El general Albano Harguindeguy era ministro del Interior pero asumió interinamente en Cultura y Educación.
En noviembre de 1978 emitió la resolución 1650 en la que ordena que el organismo encabezado por Valladares centralice toda la información sobre “la detección” de “agentes propiciantes de la subversión y/o el terrorismo”. ¿Qué hacer una vez que se detectaba a alguien a quien se creía peligroso?
El punto 4.1.1. de la resolución de Harguindeguy dice: “Las autoridades educativas, culturales y de ciencia y tecnología deberán informar las novedades sobre la detección de agentes o presuntas actividades subversivas a que diere origen el personal a sus órdenes, a las autoridades militares de su jurisdicción”.
La forma de detectar enemigos ya había sido detallada por Valladares en uno de sus informes de mayo de 1977 donde, al hablar de la estrategia antisubversiva, propone: “Volcar el centro de gravedad específico, sobre los ciclos primario y secundario. En el primero, operar preferentemente a través de los cuadros de preceptores a seleccionar”. Con respecto a la Universidad, planea crear “una red confidencial de reunión de información”.
Además ordena: ·”Infiltrar y penetrar las organizaciones CTERA, FAUDI, FRANJA MORADA Y MOR, especialmente”. El primero es el gremio docente y las otras son las agrupaciones estudiantiles. El punto g) del trabajo dice que hay que “prever la adopción de un esquema de búsqueda dentro de las áreas de Cultura y de Ciencia y Tecnología”, y explica de qué modo en el punto h): ·”Apelar, para estructurar el sistema de reunión de información, al aporte de los miembros de la familia del personal militar, de las fuerzas de seguridad y policiales, que se desempeñen en el sector educacional”.
Consultado sobre estas cuestiones, el ex ministro (Ricardo) Bruera dijo a Clarín: “¿Y para qué carajo íbamos a querer infiltrar a CTERA, Franja Morada y esas cosas, si en ese momento no aparecían ni a placé? El problema podía ser Montoneros, pero tampoco estaban porque después de que Perón los echa de la plaza (en mayo de 1974) entraron en una bancarrota impresionante”.
Las dudas de Bruera parecen razonables, pero reflejan que lo razonable no estaba incluído en estos planes: aunque en los informes se hablase de “terroristas” y “subversivos”, las acciones militares apuntaban contra cualquier persona opuesta, aún potencialmente, al Proceso. (Investigaciones recientes han revelado, por ejemplo, que más del 90 por ciento de los desaparecidos no eran guerrilleros).
A fines de 1978 Horacio Guarany volvió a la Argentina, lo que motivó un parte de la SIDE. Se menciona que Guarany firmó una solicitada por el fin de la guerra en Vietnam (1968) y otra contra la dictadura de Augusto Pinochet (1973). Se menciona que fue autor de canciones de “apoyatura a la subversión ideológica” tales como Recital a la Paz y Recital a la Infancia. “Se estima conveniente seguir de cerca sus actividades a efectos de que el causante no pueda volver a difundir, a través de sus actuaciones, mensajes ideológicos comprometidos con la subversión marxista”. El “memo” incluye una copia del volante que promocionaba la reaparición de Guarany en el Club Atlanta, de Junín, junto a conjuntos que ya no están de moda: Los Duques Negros y Los Espectros. El siguiente parte (enero de 1979) está dedicado al actor Carlos Carella. Se lo califica como “Fórmula 4”, el mayor grado de peligrosidad en los informes de la SIDE, se enumeran solicitadas firmadas por él y se plantea también “seguir de cerca sus actividades a efectos de evitar que pueda convertirse en un ‘COMUNICADOR LLAVE’ que sirva, posteriormente, a la difusión de mensajes con connotaciones ideológicas ajenas a nuestro sentir nacional”. Sin embargo el parte de la SIDE nació “al tomarse conocimiento que recientemente se presentó con su versión escénica de MARTIN FIERRO”. La documentación posiblemente sea infinita. En algunos casos sólo sirve para ver en qué se gastaban las partidas secretas. Hay un informe secreto de enero de 1980 sobre “infiltración a una secta esotérica” en Bahía Blanca. Se dice que “la vida privada de algunos de sus miembros denota lo pernicioso de sus actividades”. Se menciona el programa de estudio (las materias eran “El bien y el mal”, “Karma” y “Seres infernales” entre otras). Los “servicios” detectaron a todos los adherentes, incluyendo a María Adela Scilingo, hermana del marino que en 1995 confesó haber participado en los vuelos que su arma organizaba para arrojar a personas al mar. La califican en 1973 como “incursa en actividades de extrema izquierda, participa en pegatina de afiches”, y en 1978 sólo “miembro de la secta esotérica”.