“Reconstruir la democracia es la tarea de fondo”

Para el diputado provincial Carlos del Frade el intento de magnicidio contra la vicepresidenta mostró “lo frágil de nuestra democracia”. Traspola este “grave problema” a Santa Fe, donde el diálogo institucional entre poderes “es malísimo”. También observa con preocupación “la falta de educación y de conciencia política fomentada por los grandes medios concentrados”.

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Carlos del Frade ve en la escisión del socialismo una posibilidad “muy grande” para que la izquierda tome posición de la tercera fuerza santafesina: “La partida de algunos sectores a Cambiemos va a dejar un hueco para agrupar a quienes levantan las banderas radicales históricas, las del socialismo y hasta las del peronismo transformador o de las izquierdas con ambiciones de gobierno”; envalentona.

No obstante y con los pies sobre la tierra, admite que Santa Fe se inscribe, en la actualidad, “sobre una gran ciénaga institucional que genera la continuidad de una provincia muy conservadora donde solamente las minorías son felices y una mayoría mira”.

Pone como ejemplo la presencia de figuras como Amalia Granata, cuya actitud tras el intento de magnicidio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner  “demostró lo frágil de nuestra democracia”. 

Sobre el gran acontecimiento de la semana, Del Frade señala que es necesario “refundar la racionalidad de 1983”: “Es una tarea urgente que nos va a llevar quizá toda la vida —remarca—, porque después de 40 años nos dimos cuenta de que estamos apoyados sobre un castillos de cartas”.

—¿Qué lectura hacés del intento de magnicidio sufrido por Cristina?

—Demuestra lo frágil que es la vida de quien fuera dos veces presidenta, y en definitiva lo fragil que es la democracia en la Argentina.

En 1983 logramos un piso donde la racionalidad, el respeto por el que piensa diferente y la tolerancia parecían ser eternos. Era un piso que no se podía perforar. Pero hora nos damos cuenta de que fue absolutamente desfondado y que hay que reconstruir la democracia. Refundar aquella racionalidad del ’83 es la tarea de fondo.

Hoy se ve una clara destrucción de la conciencia política de los pueblos a través de los grandes medios de comunicación concentrados en muy pocas manos, que terminan jugando para lo que son: los intereses políticos de las grandes empresas.

En la Legislatura provincial dimos un mínimo acuerdo para defender la democracia y luego tratar de seguir pensando la evolución de una democracia que muchas veces tiene más de involución que de crecimiento.

—Sobre ese punto: ¿cuál es la importancia del pedido de desitución para Amalia Granata?

—Amalia Granata representa sus propios intereses. Llegó con el voto de 300 mil personas vinculándose en aquel momento a la bandera en contra del aborto. Hoy no sé qué volumen político representará, pero su forma de hacer política poco tiene que ver con la democracia.

Granata es la expresión del crecimiento de una derecha directamente proporcional a la destrucción de la conciencia colectiva por parte de los grandes medios de comunicación. Es en ellos, además, donde construyó sus propios códigos y su caudal político. También debe tener su límite, si se piensa cómo le fue electoralmente el año pasado cuando compitió dentro de JxC y no le fue bien.

Pero no hay que minimizarlo: siempre consideré que iba a tener una desarrollo electoral importante, y fue así. Además sigo pensando que todo lo que dice es preocupante por el crecimiento de un pensamiento antipolítico a favor de los grandes factores de la economía.

—¿Es el discurso de Granata el que más le preocupa dentro de la Legislatura?

—Hay muchos discursos que llaman a la preocupación, pero que tienen más que ver con los diferentes puntos de vista expresados. Pero negar un atentado te coloca en un lugar muy preocupante, porque es una expresión individual del pensamiento de mucha gente que le hace el juego a los factores de poder económico concentrados. Una postura de despreciar la política para que la política termine siendo la de los grandes dueños de casi todas las cosas en la Argentina.

—Suele opinar y seguir temas que involucran causas judiciales importantes de la provincia como puede ser Vicentin, la persecución del narcotráfico en Rosario o el asesinato de Hugo Oldani en Santa Fe, por citar algunos casos: ¿Cuál de estos temas es más urgente o le preocupa más?

—Lo que más me preocupa es la educación, tanto a nivel formal como informal. La manera de generar conciencia sobre la realidad tanto dentro de las escuelas como por fuera de ellas. Por eso me preocupa mucho lo que está pasando con los medios de comunicación, pero también lo que viven los chicos y las chicas que terminan siendo consumidores consumidos o soldaditos inmolados ante el altar del dios dinero.

Lo que siempre está detrás de la cuestión del narcotráfico, de la explotación de la naturaleza, de la explotación del deporte como un negocio e incluso el desprecio de los propios trabajadores como terminará siendo el caso Vicentin, es que por sobre todas las cosas impera la manipulación sobre la cabeza de nuestros pueblos. Y eso sucede en la Argentina porque tenemos el 50% de los adultos sin terminar la escuela secundaria.

Me preocupa que la cabeza de nuestra gente sea alimentada por los grandes medios de comunicación. Por eso quiero volver a lograr la democratización de la eduación para que las personas puedan pensar por sí mismas y no a partir de los intereses que algunos quieren proyectar sobre esas gentes.

—¿Qué tan lejos estamos de ese piso democrático?

—Muy lejos. Fue lo que generó el atentado contra la dos veces presidenta y la destrucción de la conciencia política. Hay que volver a empezar de cero y refundar la democracia. Es una tarea urgente que nos va a llevar toda la vida, porque después de 40 años nos dimos cuenta de que estamos apoyados sobre un castillos de cartas.

—¿Cómo ve el diálogo institucional entre los poderes provinciales del Estado?

—Malísimo. Se complica lograr acuerdos con el Senado provincial y tampoco es bueno el diálogo con el Poder Judicial, a través de la Corte Suprema. Estamos en una gran ciénaga institucional que garantiza la continuidad de una provincia muy conservadora donde solamente las minorías son felices y una mayoría mira. Es un problema muy serio.

—En lo personal: ¿cómo evalúa su año legislativo y qué viene construyendo de cara al 2023?

—Estamos muy contentos. Este año presentamos más de 60 proyectos de ley y más de 300 en total. Llegaremos a los siete mil cuando cumplamos los siete años de mandato. Laburamos muchísimo, seguimos viajando en colectivo y marcando nuestra línea en todos lados, por más que luego no nos acompañen los votos.

Lo hacemos porque creemos necesaria una fuerza política transformadora por fuera de los grandes partidos políticos tradicionales. Por eso hablamos y mucho con Fabián Palo Oliver, Agustina Donnet, Rubén Giustiniani y hasta con ciertos sectores del peronismo que tienen más ganas de irse que de quedarse.

Ojalá podamos constituir una propuesta que recupere la tradicional tercera fuerza política, porque hay sectores claudicantes del socialismo que van a terminar en Juntos por el Cambio y quedará un hueco muy grande para quienes quieran seguir levantando las banderas radicales históricas, las del socialismo y hasta las del peronismo transformador o de la izquierda con vocación de gobierno.

Hay un espacio y un lugar de encuentro que necesitamos plantar en la provincia de cara al 2023 y por qué no para gobernar en 2027.