Sueños y pesadillas de la pibada santafesina

cesar

 -Dentro de cinco años me veo teniendo algún emprendimiento relacionado con el mantenimiento eléctrico de edificios o en la facultad estudiando para contador… -respondió Andrés, de dieciocho años, cuando le preguntaron cómo imaginaba su futuro en la ciudad de Villa Gobernador Gálvez. Ahora que una precandidata a senadora nacional por Santa Fe y que vive en Buenos Aires dijo que los pibes sueñan con ser narcos y sicarios, es necesario, entonces, afirmar que esa realidad es una pesadilla impuesta, la lógica consecuencia de negocios mafiosos impunes pero no son los deseos ni los proyectos de las pibas y los pibes que insisten todos los días en esta fenomenal geografía con forma de bota.

Villa Gobernador Gálvez, al sur de Rosario, separada por el Arroyo Saladillo, como Avellaneda con Capital Federal por el Riachuelo. Como Rosario, eran ciudades obreras, industriales, portuarias y ferroviarias pero después de los años noventa se multiplicaron los agujeros negros de la desocupación en sus barrios y aparecieron los negocios mafiosos paraestatales del narcotráfico y el contrabando de armas.

Dice el médico Ariel Charras que “en casi quinientas entrevistas a chicas y chicos de los barrios más necesitados, como la Bajada, por ejemplo, la pibada respondió que querían tener familia, trabajo y ser socias y socios del club. Sueños muy concretos”, apunta el joven profesional que lleva adelante la llamada “fábrica de futuro”, donde se enseña desde carpintería a boxeo, desde cumbia cruzada a impulsar un emprendimiento para elaborar milanesas y albóndigas de pescado con las hijas y los hijos de pescadores.

-En cinco años me veo con un trabajo para poder sacar adelante a mi familia y tratar que nada le falte a mi hijo. En diez años me veo teniendo mi propia casa junto a mi familia…lo voy a lograr con mucho esfuerzo, con muchas ganas de salir adelante y sobre todo con respeto…-escribió una piba de veintidós años en una de aquellas hojas de encuestas de las que habla el doctor Charras.

Otras chicas y otros chicos sueñan con viajar, ser bicicletero, veterinaria, tener su pañalera jugar en primera del club de sus amores y siempre con tener un buen trabajo.

-…La verdad pienso que con todo lo que sé mi pensamiento sería otro, actuaría distinto, sería otra mujer. Ya sería una mujer adulta, obviamente no dejaría de ser yo pero si fuera distinta en otros aspectos… me veo buscando lo que quiero, tratando de alcanzar mis metas y me veo explicándole las cosas que yo jamás entendía y jamás mis padres me explicaron a otras chicas o simplemente a mi hermanita más chiquita para que no pase por lo que yo pasé… o quizás sea madre y pueda ser esa madre que quise tener… -dice una piba de diecisiete años desde las entrañas de Villa Gobernador Gálvez.

Un muchacho dice que su día más feliz fue cuando le dieron la libertad y cuando nació su hijo y que lo que más le gusta es la pizza que le hace su mamá.

“Mi mamá me regaló un robot que siempre quise. Me lo regaló cuando pasé de grado y eso nunca me lo olvido porque lo esperé siempre y un día llegó. Eso es inolvidable”, dice el mismo pibe que recuperó la libertad.

Ahora que una precandidata a senadora nacional por Santa Fe y que vive en Buenos Aires dijo que los pibes sueñan con ser narcos y sicarios, es necesario, entonces, afirmar que esa realidad es una pesadilla impuesta, la lógica consecuencia de negocios mafiosos impunes pero no son los deseos ni los proyectos de las pibas y los pibes que insisten todos los días en esta fenomenal geografía con forma de bota.

Como dice el cura Claudio Castricone del sur profundo rosarino: “No me animo a decir que los chicos sueñan o quieren ser sicarios, pero sí que ven ahí una salida a su vida. Como todos los adolescentes, los chicos de nuestros barrios también quieren tener cosas o plata fácil y el delito es una manera de tener dinero. Primero siendo soldaditos y después sicarios… Una de las causas es que se sienten expulsados de la sociedad, excluidos. También son marginados de la educación. Eso me preocupa mucho. Seguramente, ninguno de estos chicos terminó la secundaria y no sé si la empezaron. El asunto es plantearse por qué la educación no los contiene. Si la escuela secundaria es obligatoria, ¿dónde está el Estado controlando esto, apoyando?…tenemos que plantearnos una sociedad que no sea excluyente y que la escuela no expulse alumnos. A los chicos les queda ser peón de albañil, ganando dos pesos, porque se les cerraron otras puertas. Después, llega alguien ofreciendo algo distinto, mucho más fácil, sabiendo que corren peligro, pero como la mirada es inmediatista, aceptan y agarran viaje por más que saben que pueden perder la vida en una lucha de bandas”, apuntó el cura.

La verdad que es las pibas y los pibes necesitan que la felicidad se democratice, que no sea solamente la propiedad privada de los que puedan comprarla, si no un derecho que les permita alcanzar aquellos sueños que existen y por los que pelean todos los días.