La Favorita

“Las personas o las cosas”, fue el título del libro que hicimos en 2007 sobre algunas postales de la historia de la Asociación Empleados de Comercio de Rosario. Allí escribimos algo de la evolución de “La Favorita”. La comparto con ustedes. Gracias.

tienda la favorita

El 18 de mayo de 1897, se inauguró en la actual esquina de Córdoba y Sarmiento, una puntillería. Sus dueños eran dos jóvenes hermanos españoles, Ramón y Angel García.


Luego se incorporaron otros ramos: tejidos, modas, confecciones, bonetería hombres, marroquinería, lencería, mercería, medias, abanicos, novedades, fantasía, alfombras, tapicería. Llegaron a contar con 33 secciones o ramos, informó la citada González Balma.

En 1905, instalaron una oficina permanente en París que funcionó hasta la segunda guerra mundial.
“Mientras tanto en Rosario, las operaciones comerciales se realizaban por el viejo sistema de regateo, aunque pronto éste fue reemplazado por el del precio fijo, lo que implicaba que cada artículo tuviera la etiqueta con su precio, además se estableció la metodología de ventas por mensualidades, créditos que no estaban gravados con interés o recargo alguno”, afirma la historiadora.


Por aquella época se “trabajaba de sol a sol, el patrón salía a la calle y miraba, de no haber gente entonces cerraba. Ambos hermanos, Angel y Alberto García, hijos de los propietarios recuerdan que antiguamente muchos empleados vivían dentro de la tienda. Igualmente un empleado que ingresó en 1933 nos relató que cuando él ingresó vivió en la tienda por varios años. En ese momento eran cuatro los hombres que vivían en la tienda. No comían allí, y ya en ese momento contaban con dormitorios que se habían construido con ese fin, que antes no contaban con un sitio destinado específicamente para ello, durmiendo entonces donde pudieran, sobre los mostradores era lo más frecuente. Este empleado vino directamente de Otur para trabajar en la casa y recuerda que para esa época la jornada laboral ya era de ocho horas y no se trabajaba los sábados por la tarde. En ese momento éramos algo más de 300 empleados, y jamás tuvimos problema alguno con la empresa, el trato con nosotros fue siempre excelente, sin dificultades. La Favorita siempre tuvo un trato preferencial para con sus empleados, imagínese yo viajé dos veces a Europa para ver mi familia con permiso de seis meses”, relató González Balma.


Una característica de los trabajadores de La Favorita era que entre 1904 y 1930, los españoles representaban el 45 por ciento del total. Casi la mitad de ellos venía de Asturias, de la villa de Luarca, el mismo lugar de donde venían los propietarios de la tienda hoy en manos de capitales chilenos.

Los hermanos García opinaron que “la mayoría de los inmigrantes de esa época eran españoles y además venían recomendados a su padre o a su tío. Por otra parte, consideraban al criollo más haragán, que se inclinaba más por los empleos públicos que por el comercio; la administración pública, correos, ferrocarriles, en cambio el español es tendero de alma, por ejemplo el almacenero gallego es toda una institución. El italiano es de dedicarse más a las tareas del campo, mientras que no así el español, son comerciantes, tenderos, almaceneros, muchos almaceneros de ramos generales y también bares, cafés, restaurantes, hoteles, son propiedad de españoles”, apunta el estudio mencionado.


Las edades de los varones españoles empleados en La Favorita oscilan entre los doce y los cincuenta y cuatro años de edad.


“…los dependientes de esta firma perciben sueldos más altos que los pagados en el sector, lo cual indica una buena posición del trabajador de este comercio en relación con los demás y percibir igualmente el por qué permanecían por tanto tiempo en su trabajo. Contaban, además, desde el comienzo de la firma con cobertura médica, aportaban un peso mensual al Hospital Español y reciben atención médica en caso de necesidad. Otro aspecto interesante a considerar es que pese a los conflictos laborales de la época recién en 1930 ingresan en la Asociación Empleados de Comercio y que su inclusión se da a instancias de la patronal”, termina diciendo el interesantísimo estudio de Graciela González Balma.

Capítulo del libro “Las personas o las cosas” – Carlos del Frade – 2007