La victoria de Cargill en Punta Quebracho

Este 4 de junio, cuando se cumplan 180 años desde la victoria argentina en la angostura santafesina Punta Quebracho, Cargill depositará una ofrenda floral, como cada año, mientras continúa facturando producto de la cada vez más obscena depredación de las riquezas del pueblo. Cargill es, en definitiva, Estados Unidos: el verdadero dueño del país. 


Por Carlos del Frade

(APe).- “Cargill está presente en Argentina desde 1947. En estas décadas se ha consolidado como una empresa líder en la agroindustria del país, impulsando exportaciones, alimentos y servicios agroindustriales, con un firme compromiso en el desarrollo junto a productores locales. Entre las actividades que se desarrollan se destacan: la originación, procesamiento y comercialización de cereales y oleaginosas; producción y comercialización de harinas proteicas, aceites vegetales y biodiésel; molienda húmeda de maíz e ingredientes para la industria alimentaria; nutrición animal, ofreciendo productos y servicios para animales de granja y servicios financieros y gestión de riesgos para el sector agroindustrial”, dice la página oficial de Cargill Argentina.

Una de sus plantas principales se ubica en el sur de la provincia de Santa Fe, en la actual ciudad de Puerto General San Martín, en la angostura de Punta Quebracho, allí donde un ejército gaucho ganó la llamada guerra del Paraná que se había iniciado con la derrota en la Vuelta de Obligado enfrentando a Gran Bretaña y Francia.

De aquel 4 de junio de 1846 hay pocos recuerdos pero en el monumento nacional alguna vez levantado hoy brilla la estructura del gigante norteamericano que decidió retirar aquella cruz que señalaba la épica victoria del pueblo argentino unos cientos de metros. Cada 4 de junio la ofrenda floral que nunca falta es, justamente, la de Cargill.

Esta semana se cumplirán 180 años del triunfo ignorado, una forma contundente de aniquilar cualquier vestigio de conciencia nacional.

Cargill, ahora a cargo de las exportaciones de la llamada Nueva Vicentin; a punto de quedarse con tierras de las Fuerzas Armadas en otra localidad santafesina y seguramente el verdadero ganador de la nueva etapa del dragado, balizamiento y peaje del Paraná; facturó hacia 2024 nada menos que 4.118 millones de dólares, a razón de 11 millones de dólares diarios, 470 mil dólares por hora y 7.833 dólares cada sesenta segundos.

Cargill es Estados Unidos, el verdadero dueño de la Argentina.

Pero Cargill respeta las formas y por eso, cada 4 de junio, en homenaje a la victoria de Punta Quebracho cuando la Argentina ganó aquella primera guerra del Paraná, deposita ofrendas florales. Una gran ironía. Casi una provocación.

Todo empezó con José Alfredo Martínez de Hoz, ex gerente de la empresa Acindar, devenido en ministro de Economía del terrorismo de estado a partir del 2 de abril de 1976 cuando decidió eliminar la entonces Junta Nacional de Granos en 1979, la piedra angular para la apropiación de los puertos de parte de las multinacionales.

Dos años después, según la historia oficial, Cargill, la mayor representación de Estados Unidos en el negocio multimillonario del comercio internacional de granos y derivados, decidió montar su planta allí, en el sur santafesino.

Ciento ochenta años atrás, la flota anglofrancesa llegó a la altura de Punta Quebracho y los barcos de guerra se acercaron a la costa en donde estaban situadas las baterías argentinas, pretendiendo que los cuarenta buques mercantes pasaran por detrás. Dos mercantes invasores se hundieron, otros cuatro fueron incendiados para que no cayeran en manos argentinas, y los vapores de guerra Harpy y Gorgon resultaron seriamente dañados.

El historiador Vicente Sierra explica que “después de dos horas de combate, los buques de guerra Firebrand, Gazendi, Gordon, Harpy y Afecto, retrocedieron para tratar de cubrir a los mercantes, pero tras una hora de encarnizado combate incendiaron los navíos y con los restantes bajaron el río precipitadamente”. Cabe resaltar el hecho de que la escuadra que acompañaba a los mercantes estaba constituida por modernas naves blindadas, con torretas de artillería giratorias y cohetes Congreve.

Cuenta la historia casi desconocida de la Argentina que el general Lucio Norberto Mansilla y el coronel Martín de Santa Coloma, al iniciar el fuego de artillería en la batalla de Quebracho, volvían a la carga al grito de «¡Viva la soberana independencia argentina!».

Para el historiador Adolfo Saldías fue una gran derrota para los ingleses y franceses “no sólo porque sufrió pérdidas más considerables que en Obligado, sin inferirlas de su parte a los argentinos, sino porque se convencieron de que no podían navegar impunemente por la fuerza las aguas interiores de la Confederación. Contaron cerca de 60 muertos fuera de combate y perdieron una barca, tres goletas y pailebote cargados con mercaderías valoradas en cien mil duros, una parte de la cual salvó Lucio Norberto Mansilla”.

El 13 de julio de 1846, sir Samuel Thomas Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presentó humildemente ante Juan Manuel de Rosas “el retiro más honorable posible de la intervención naval conjunta”. Se logró poner fin al bloqueo naval que realizaron Francia e Inglaterra a los puertos argentinos, recuperar la flota argentina capturada, recuperar la isla Martín García y un saludo de 21 cañonazos a la bandera argentina por parte de las dos flotas invasoras el reconocimiento a la soberanía de Argentina ya sus derechos exclusivos sobre la navegación de los ríos interiores.

Este 4 de junio de 2026, ciento ochenta años después de la victoria argentina, Cargill presentará una nueva ofrenda floral y seguirá facturando como consecuencia de la cada vez más obscena depredación de las riquezas del pueblo que alguna vez sintió orgullo por su historia.

Fuente: Página web de “Cargill Argentina”, “Historia política de la esperanza” del autor de esta nota y revista “Mercado”.

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