Cómo se construye la esperanza

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-Me lee un cuento, profe…
Así le dice una chica entre doce y catorce años a la docente que hace treinta años viene poniendo el cuerpo y el alma en un punto de la fenomenal geografía santafesina, Espin, ocho kilómetros al sur de Vera, el departamento más grande de la provincia, el que más cabezas de ganado tiene y el que alguna vez tuvo la mayor cantidad de cursos de agua. No es una escuela más, es una EFA, una Escuela de la Familia Agrícola, una experiencia que tiene medio siglo y que se caracteriza por un sistema de alternancia, donde las pibas y los pibes están una semana entera conviviendo y trabajando en forma convivencial e integral.

Hasta los años noventa, antes del cambio de milenio, estas escuelas, impregnadas por el conocimiento profundo de las historias familiares de sus alumnas y sus alumnos, trabajaban con el objetivo de promover el arraigo en las comunas de origen. Del año 2000 al presente, la feroz concentración de tierras en pocas manos generó una gran expulsión de familias campesinas y hoy las chicas y los chicos se educan no para volver, si no para irse a probar suerte en otros lugares.

Antes el 90 por ciento del alumnado era del campo, hoy es al revés. Antes el objetivo era el arraigo, ahora, lamentablemente para estas profesoras y estos profesores que también crecieron en las EFA, reconocen que suelen preparar para el desarraigo. Pero hay un amor, una convivencia y un respeto fenomenales, palpables y crecientes.

-La parte emocional es fundamental para las chicas y los chicos – dice el joven director que recibe a los peregrinos que cabalgan en palabras relacionadas con la investigación periodística y la denuncia política. Hablarán de “La Forestal” y ellas, adolescentes entre doce y catorce años, leyeron y escribieron sobre el saqueo planificado plagado de complicidades propias de gobiernos argentinos y santafesinos.

Cuentan las profes y los profes que antes las familias preparaban la recepción de las docentes que venían de la EFA, ahora no hay tiempo para eso. Los tiempos pasan según el ritmo que impone el despoblamiento del campo, la concentración de tierras ya dicha y la desesperación por cualquier actividad laboral aunque sea en negro o siempre informal.

Las chicas y los chicos tienen cinco años para desarrollar proyectos propios como, por ejemplo, criaderos de pollos. Para eso hablan con vecinas, vecinos, funcionarias y funcionarios, comunales, municipales y provinciales. Hay un respeto por el tiempo existencial que no se encuentra fuera de la EFA.

También son educados en una materia que se llama “plan de búsquedas”, en el que las pibas y los pibes aprenden a buscar, cambiar de ideas y sumar conocimientos. Pero la primera investigación es la que nace de las entrevistas a la gente más cercana, las abuelas, los abuelos, las madres, los padres, las hermanas, los hermanos y la vecindad. Así encontraron hacheros sobrevivientes de La Forestal como también administrativos de la multinacional inglesa que cuentan una historia totalmente diferente a la narrada por los que estaban hacinados en los hornos o intentaban cortar esos árboles únicos y duros como el acero.

Uno de los muchachos presenta un tríptico con las fotos de algunos edificios tradicionales de Villa Guillermina, uno de los principales lugares donde tuvieron lugar los alzamientos de trabajadores en 1919 y 1921. El chico repara en un artículo de diarios de la época en el que señalan “los obreros de La Forestal inician un movimiento armado”. Y por debajo, con su letra de imprenta, pone vales y fichas de la empresa como forma de pago propio y le llama la atención que los dueños de los almacenes generales también eran puestos por los responsables de la explotación del quebracho. Juan Ignacio, de segundo año, autor del tríptico, no quiere que se repita otra experiencia semejante y siente que es necesario trabajar para vivir mejor, no para vivir peor y enfermarse.

El autor del libro que habla y responde ante esta pibada luminosa de la EFA de Espín siente una felicidad muy especial, una forma de privilegio cósmico de estar allí y sentir esa forma de afecto como una ratificación de lo mejor que le da sentido a su existencia.

Allí, en la EFA 8211 de Espin, en el norte profundo de la provincia de Santa Fe, todos los días se construye esperanza.

Son esas buenas noticias que, de vez en cuando, viene bien compartir para seguir apostando a la especie humana.

Fuente: Entrevistas del autor de esta nota a chicas, chicos, profesoras y profesores y autoridades de la EFA 8211 de Espin, en Vera, el jueves 14 de octubre de 2021.

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