Las guerreras de “La Morena”

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 En “La Morena”, en el lejano oeste rosarino, con solamente 18 mil pesos mensuales, un grupo de mujeres convirtió un garaje en un comedor comunitario donde durante los cinco días de la semana hábil, le dan de comer y tomar la leche a 728 chiquitas y chiquitos de familias que, mayoritariamente, viven del cirujeo como principal actividad económica de sobrevivencia. En trincheras cotidianas que no deben ni figurar en la guerra contra la inflación.

Pero ellas están ahí. Con sonrisas amplias y una garrafa gigante que sale 8 mil pesos y para la que les dan solamente dos mil pesos. Pero ahí está la garrafa y las ollas a las que permanentemente llegan chicas, chicos, mamás y papás para cargar las jarras de plástico con la leche que ya no está en sus casas.

Rosario crece hacia el oeste en una zona que alguna vez se pensó como extensión de su parque industrial pero hoy, luego de tantas políticas económicas basadas en lo financiero y sepultureras del mercado interna y la producción, devino en territorio para asentamientos irregulares que padecen la falta de agua potable a pesar de estar cerca del río Paraná.

Hasta se dan el lujo estas mujeres guerreras de presentar “La Morena” como lugar de estudio, manualidades y rudimentos para acceder a la computación.

No tienen consignas para decir lo que hacen todos los días. Simplemente lo hacen. Comida los lunes, miércoles y viernes; leche calentita los martes y los jueves.

Desde hace años vienen intentando construir un espacio de alegría y solidaridad, aunque los barrios que rodean al centro comunitario suele ser atravesado por balas y negocios mafiosos de larga data.

-Tenemos todos los datos de las chicas y los chicos. La leche suele estar lista a las cinco de la tarde pero a veces las colas se empiezan a formar a las tres porque evidentemente hay mucho hambre en los barrios. Así que empieza el desfile antes del horario…-dice Rosa con su amplia sonrisa, mientras muestra la cocina de varias hornallas y renueva los pedidos de ayuda para hacer frente a tanta necesidad ajena a las estadísticas oficiales.

Hace algunos años, en 2016, el barrio soportó una represión feroz de parte de La Santafesina SA porque varias familias tomaron un terreno que nunca terminaba de definir para quiénes era, quiénes iban a vivir allí. Los cartuchos de las municiones se juntaron en bolsas que luego se denunciaron ante la Legislatura de Santa Fe.

La familia de Rosa y las vecinas hacen el trabajo sin recibir nada a cambio y ninguna de ellas tiene un empleo estable.

En tiempos de profundo individualismo y exacerbación de la salvación personal, el centro comunitario “La Morena”, como tantos otros en la ex ciudad obrera y en diversos lugares del país hecho de pan y carne y que ahora soporta precios impagables de ese pan y esa carne, en esos costados y arrabales de los negocios pulcros todavía crece una esperanza concreta, real y hasta ilógica.

Ni a Rosa ni a sus compañeras guerreras se les escucha pedir algo de manera personal.

-Sería lindo que pongan una escuela porque los barrios van creciendo cada vez más y se necesitan que las chicas y los chicos estudien. Que no cirujeen solamente – dicen las mujeres de “La Morena”.

Mucho más allá de las noticias policiales, del boom inmobiliario y la guerra contra la inflación, en un punto perdido de la geografía rosarina, las mujeres guerreras de “La Morena” cocinan comida y leche para decenas y decenas de familias, al mismo tiempo que inventan un sentido optimista en medio de tanta desesperanza.

Hay que agradecerles a las que hacen posible este esforzado triunfo cotidiano que es “La Morena”.

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