Soledad y Brian

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 La muerte desbocada es consecuencia de los negocios ilegales desbocados. Chicas y chicos de trece años que terminan heridos, heridas o muertos por balas que son muy fáciles de conseguir en Rosario. A pesar del repetido lugar común de sumar fuerzas federales en la ex ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial, la pibada puebla las páginas policiales de los diarios y la mayoría de los informativos televisivos abren sus ediciones con sus nombres y cuerpos estragados sobre las calles de la furia.

En los primeros días de 2022, Brian Benítez, de 22 años, recibió una pena de dieciséis años por matar a Soledad Pamela Gómez, de solamente trece años.

Soledad estaba muy feliz.

Había llegado a la zona de Villa Banana, en el cercano oeste rosarino desde la histórica ciudad de San Lorenzo para empezar a cursar sexto grado en la escuela “Marcelino Champagnat” de Rueda al 4400, cuyos docentes hacen un trabajo sensible y lúcido con un palpable compromiso social con la gente del contexto.

Pero Soledad no fue la única víctima del muchacho, si no también Kevin y otra chica, los tres de trece años. Kevin quedó en una silla de ruedas y la otra nena terminó con la carita desfigurada por los tiros.

La única racionalidad presente en el relato es la suma del dinero de aquel que alquiló o vendió las armas y las municiones para que Brian llevara adelante el desastre que generó.

La balacera se produjo el 4 de abril de 2021 y fue por un enfrentamiento entre “Los Cuatreros” y “Los de Gálvez”, pandillas que aparecen y desaparecen con mucha rapidez en la geografía devastada de la región sur de la provincia de Santa Fe desde donde todavía emerge el 75 por ciento de las exportaciones argentinas.

Otro Brian, en este caso Brian Oviedo, fue encontrado muerto en la zona de Alvear, donde está la planta de General Motors, también en el departamento Rosario, en las primeras horas de 2022.

El pibe tenía 18 años y había ido a una fiesta de cumpleaños. Un hombre lo obligó a salir y subir a un automóvil. A los pocos días el cuerpo de Brian, ya en descomposición, era la señal de una estadística más para las tristes listas pobladas por pibas y pibes que mueren muy antes de tiempo en la cuna de la bandera.

-Hasta ahora no se sabe nada porque creo que la Policía todavía no se movió, no usaron las cámaras, no fue a declarar nadie – dice Ivana, la mamá del chico secuestrado ante numerosos testigos en una fiesta clandestina en el barrio La Esperanza de Villa Gobernador Gálvez.

“Brian trabajaba y estudiaba, solamente salía los fines de semana…a la fiesta fue con un grupo de chicos que conoció hace poco, venían a casa, uno solo trabajaba con él de mozo, fue el mismo que lo llevó esa noche y después se borró, no me preguntó más nada y ni siquiera me vino a avisar”, agregó la mamá a los medios de comunicación.

-Sale el hijo del dueño de la casa y me cuenta la historia que lo agarraron entre unos pibes, que lo golpearon para subirlo (a un auto) con dos motos que lo escoltaban, y el padre sale y me dice que no vieron nada…Quiero saber por qué de tantas personas nadie dijo a dónde se llevan al pibe, el dueño de casa por qué no salió – reclamó su mamá.

Jorge, el papá de Brian, declaró que “duele en el alma la forma en la que lo han matado, calculo que ni a un animal se mata como lo mataron a mi hijo con tanta alevosía. Al que lo mató a mi hijo lo perdono, lo único que le digo es que a mi hijo lo mató mal, no hay códigos para nada, no hay más respeto”.

Jorge llegó hasta la cortada Mangrullo, en la zona sur rosarina, donde habló con una mujer que reconoció a su hijo por una foto y le contó que estuvo en su casa hasta las 6 del domingo festejando un cumpleaños. Después los relatos llevan las últimas horas de Brian hasta La Granada, mítica cuna de Los Monos.

Brian era el mayor de siete hermanos y las vecinas del barrio lo recuerdan como un muchacho muy responsable con respecto al cuidado de ellos.

Los cuerpos de chicas como Soledad o chicos como Brian parecen importar menos que el dinero que producen sus muertes. Lo importante, evidentemente, es que las exportaciones sigan generando muchas divisas para pocos.