Brandon y las cifras de la indiferencia

 Brandon Luis Segovia tenía 16 años y vivía en el barrio Santa Lucía. Encontraron su cuerpo en un camino rural de Pérez, ciudad pegada a Rosario por el oeste, maniatado, golpeado y baleado. Solamente 16 años. El contexto, como suele decirse, es por disputas de espacios para desarrollar el narcomenudeo.

-Lo terrible para nosotros es que no haya en el barrio políticas públicas que aborden estos temas. A los pibes acá los matan, se mueren y no hay ninguna política del estado que los contenga…desde las escuelas se trabaja un montón para que los chicos vengan y estén. Para brindarles espacios para que realicen otras actividades porque acá no hay un club, no hay un polideportivo, no hay nada – dijo la directora de la escuela 1396, “Santa Lucía”, Sivlia Giglioni, en diálogo con los medios de comunicación regionales.

Al terminar el primer semestre de 2022, el caso de Brandon es un número más en las estadísticas que produce el Observatorio de Seguridad Pública que depende del Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe.

Los números están tomados desde el primero de enero al 26 de junio y dicen que en el segundo territorio de la República Argentina, en la provincia de Santa Fe, hubo 198 homicidios, cien de los cuales tienen como “contexto”, la economía ilegal y las organizaciones criminales. En la totalidad de los diecinueve departamentos de la monumental geografía santafesina, esos cien asesinatos vinculados a organizaciones criminales representan el 51,57 por ciento pero en el departamento Rosario aumenta al 70 por ciento. Las bandas, siempre narcopoliciales, usan a las pibas y los pibes como consumidores consumidos y después como soldaditos inmolados en el altar del dios dinero como venimos diciendo hace veinte años.

Pero Brandon está en la edad que siempre es la más castigada, no solamente en la provincia de Santa Fe, si no en toda la Argentina y desde hace medio siglo: 113 de los 194 homicidios tienen como víctimas a chicas y chicos de cero a treinta y cuatro años, es decir el 58,24 por ciento de las personas asesinadas.

Una vez más el número de la bestia apocalíptica: 6 de cada diez víctimas de los negocios mafiosos como son el narcotráfico y el contrabando de armas tienen entre 15 y 34 años; 6 de cada diez desocupados tienen entre 15 y 34 años y 6 de cada diez desaparecidos tienen entre 15 y 34 años. El triple 6 de la historia argentina de los últimos cincuenta años. El sistema siempre se las ingenia para desaparecerlos, desocuparlos y descartarlos. Las pibas y los pibes que tienen como mandato natural y cultural la transformación de la sociedad, son las víctimas preferidas del modelo argentino de desarrollo capitalista.

En la totalidad de la provincia de Santa Fe, el 80,9 por ciento de los asesinatos se comete con armas de fuego y el 68 por ciento tiene una planificación previa. En el departamento Rosario las cifras aumentan: 86,2 por ciento de armas de fuego detrás de los homicidios y 76 por ciento de planificación previa.

Con sus poquitos dieciséis años, Brandon Segovia fue uno más de las chicas y los chicos asesinados en el Gran Rosario en la franja etaria más castigada: la pibada que tiene entre 15 y 19 años. Fueron 27 los homicidios en esa edad, sobre un total de 138 en el año. Hay una gran ferocidad para con las chicas y los chicos. Tanto en la forma de vivir y, por consiguiente, en la forma de morir.

Cuando el recuerdo de Brandon termine afianzándose en alguno de estos números, seguirán apareciendo otras cifras que marcan las contradicciones obscenas en la provincia: el gobierno nacional le pagó una deuda a Santa fe por 151.800 millones de pesos y se conoció que las exportaciones de abril, solamente abril, fueron de casi 4 mil millones de dólares. Sin embargo no hay dinero para ese polideportivo que añora la directora de la escuela del barrio en el que vivía Brandon.

La riqueza no presta atención en estos números, no tiene tiempo para pensar en la vida y la muerte de pibes como Brandon.

El problema más grave es que la política de los partidos mayoritarios cada vez se parece más a esa indiferente forma actuar…