La pibada y los fantasmas del petróleo

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Fotografía: Mauricio Centurión

Las fechas traen fantasmas.

Personas que ya no están pero que viven en la memoria.

Hechos que forman parte de procesos todavía no terminados.

Pero son los datos del presente los que interpelan a los fantasmas.

El 65 por ciento de las chicas y los chicos en Argentina son pobres, sentencia el último estudio del Barómetro de la Deuda Social que depende de la Universidad Católica.

Cuando eran las sujetas y los sujetos de todos los derechos por aquello que eran las únicas y los únicos privilegiados, hoy casi siete de cada diez niñas y niños y adolescentes no tienen lo suficiente para vivir.

Para la Unicef, en tanto, son 3,8 millones de chicas y chicos entre los cero y los diecisiete años los que sufren el empobrecimiento multidimensional.

“Veníamos de niveles elevados (de pobreza infantil) y la pandemia terminó ampliando la brecha y la desigualdad entre hogares con y sin niños”, explicó Sebastián Waisgrais, vocero de Unicef Argentina. Agregó que la reducción de los ingresos en los hogares sigue siendo significativa debido a la persistencia de la elevada inflación en la Argentina.

El 10 de diciembre se cumplieron 38 años de la recuperación de la democracia.

Estos números gritan la necesidad de democratizar la democracia.

¿Qué hacemos con aquellas esperanzas y estas realidades marcadas a fuego en la historia en carne viva que son las existencias de nuestras pibas y nuestros pibes?.

Pero las fechas siguen y sus fantasmas, siempre en colisión con el presente, ofrecen algunas claves.

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El 13 de diciembre, mientras tanto, se cumplen 114 años del descubrimiento oficial del petróleo argentino en Comodoro Rivadavia.

¿Qué se hizo con el petróleo de todo el pueblo argentino?.

Hipólito Yrigoyen, un radical que está lejos, muy lejos de muchos radicales del presente, llegó a escribir en un proyecto de ley que “se reserva, pues, para el estado, en razón de la incorporación de estas minas de petróleo a su dominio privado, el derecho de vigilar toda explotación de esta fuente de riqueza pública, a fin de evitar que el interés particular no la malgaste, que la ignorancia o precipitación la perjudique, o la negligencia o la incapacidad económica la deje improductiva, para lo cual se adoptan en el proyecto disposiciones que fijan y garantizan un mínimo de trabajo y las formas convenientes de realizarlo. Con el mismo concepto se ponen trabas a la posible acción perturbadora de los grandes monopolios (…) El estado como encarnación permanente de la colectividad tiene el derecho de obtener un beneficio directo sobre el descubrimiento de estas riquezas. A eso responde la participación que se reserva el estado en el producido neto y bruto de las explotaciones, en forma sin embargo que no reste estímulo al interés privado; tanto más cuanto la mayor parte de dicha participación se destina a servicios públicos, necesidades de la armada, de los transportes ferroviarios, marítimos y fluviales, etc., que resultarán en beneficio inmediato para los mismos y otra buena parte para fomentar el desarrollo de esta misma industria minera”.

Y Enrique Mosconi, el primer presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la mítica YPF fundada el 3 de junio de 1922, sostuvo que “así como la emancipación política del continente se selló con las corrientes libertadoras de Bolívar y de San Martín, realicemos nuestra independencia económica (…) Sólo entonces habremos dado término integral al mandato de nuestros libertadores, asegurando la felicidad y el bienestar de nuestros pueblos”.

Mosconi e Yrigoyen, fantasmas que vienen a la memoria el 13 de diciembre, estaban convencidos que el petróleo tenía el objetivo que el olvidado Belgrano le había adjudicado a la revolución y la política, la felicidad de nuestros pueblos.

El 65 por ciento de las chicas y los chicos de la Argentina están atravesados por el empobrecimiento a 38 de la recuperación democrática.

Quizás, como lo señalan los fantasmas de estos días, sea necesario recuperar aquellos bienes comunes que hicieron posible pensar un país con justicia, igualdad y soberanía.

Para que las melancolías de la historia formen parte de la actualidad y transformen de una buena vez una democracia que, por ahora, sigue siendo para pocas personas.