La intervención directa de Estados Unidos en Venezuela y el secuestro de su presidente trae reminiscencias del golpe más sangriento de la historia del país. Los 50 años de la dictadura demuestran que las lógicas de dominación y saqueos son las mismas. Hasta con los mismos procedimientos.
Por Carlos del Frade
(APe).– A medio siglo del golpe más sangriento de la historia argentina, el presente en el barrio cósmico que es América del Sur demuestra que las lógicas de dominación y saqueo repiten procedimientos y hasta palabras de hace medio siglo atrás.
No se trata de mala literatura.
El comienzo de 2026 presenta matrices invictas de 1976.
-De acuerdo a nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos en América latina no será cuestionado nunca más –sostuvo el presidente Donald Trump después del secuestro de su par venezolano Nicolás Maduro en el contexto de un bombardeo a distintas regiones del país que flota sobre un mar de petróleo.
La excusa, como tantas veces se escribió en esta columna, es el narcoterrorismo, la principal idea fuerza de la doctrina de seguridad continental que fue la continuidad de esa doctrina de seguridad nacional de la que habla Trump, la que sostuvo e impulsó los genocidios de los años setenta en toda América del Sur. De allí que el comienzo de 2026 presenta matices invictas de 1976.
En la Argentina, mientras tanto, lejos de la posición histórica de no intervención en problemas internos, Javier Milei celebró la invasión y se anotó para el acompañamiento acrítico de las reglas de juego del imperio.
Estados Unidos deja de lado el derecho internacional y convierte a América del Sur en un terreno de disputa que presagia pesadillas pesadas para los habitantes de una región pletórica en riquezas y que más allá de la fenomenal concentración y extranjerización de riquezas en pocas manos, nunca produjo una guerra entre países cercanos desde la llamada guerra del Chaco, en los años treinta del siglo veinte.
Difícilmente los organismos internacionales puedan construir respuestas firmes ante el avance brutal del regreso de la guerra fría y el saqueo institucionalizado avalado por gobiernos devenidos en perversas marionetas.
-Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad –dijo Simón Bolívar, frase que también esta columna publicó más de una vez. Hoy Bolívar es un desconocido para millones y millones de la Patria Grande. Lo mismo sucede con Artigas y San Martín. Habrá que volver a empezar. A intentar vincular aquellos sueños colectivos inconclusos en estas urgencias reales del presente.
Seguramente vendrán nuevas resistencias en Venezuela, más allá de la suerte personal de Maduro, contra la dominación estadounidense, como sin dudas existirán a lo largo y ancho del fenomenal continente. Sin embargo serán minoritarias. Desde la recuperación de la democracia en distintos países de estos arrabales del mundo, los grandes medios de comunicación primero y luego el desarrollo del dataísmo a través de los teléfonos celulares produjeron la destrucción de la conciencia colectiva, las identidades nacionales y regionales y multiplicaron la exacerbación del individualismo y el consumismo.
Aquello de todas las voces, todas, todas las manos, todas que cantaba Mercedes Sosa al regreso de su exilio, dejó de ser un himno para la mayorías de los habitantes de esta porción de la cápsula espacial que todavía se llama Argentina.
Sectores medios y populares, tal como sucedió en las elecciones de octubre, obedecen los hechos y las amenazas de Trump.
De allí que las resistencias serán minoritarias pero estarán presentes. Más que nunca.
En cada escuela, en cada lugarcito donde la palabra todavía permita el encuentro sobre el por qué del presente, allí estará la resistencia y, por ende, el cruce de la memoria con la esperanza.
Fuentes: Diarios “La Nación” y “Página/12”, del domingo 4 de enero de 2026.