En Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, las muertes por cáncer resultaron un 32% más de lo esperado. Arsénico y agroquímicos usados en beneficio del modelo productivo. Quienes lo piensan no respirarán ni beberán el veneno. De allí la venta de agrotóxicos se multiplica al ritmo del dolor de la gente.
Por Carlos del Frade
(APE) Las huellas de la democracia del veneno están inscriptas en las historias clínicas de chicas y chicos que se mueren muy antes de tiempo.
En los países del tercer mundo, el presente y el futuro son pensados de acuerdo a los intereses de las multinacionales.
Siempre desde afuera.
Semejante entrega del tiempo existencial de miles de familias tiene la colaboración del miedo que genera complicidades hasta no queridas.
Desde hace casi treinta años que se vienen pidiendo datos certeros de los casos de cáncer que aparecen en los mapas de la vieja pampa húmeda.
No son fáciles de conseguir ni lograr.
Pero hay momentos en que el compromiso de intelectuales gambetea muros de pánico y silencios.
La información sostiene que un estudio realizado por investigadores de universidades públicas de la Región Centro identificó una zona integrada por departamentos del sur de Santa Fe y del sudoeste de Entre Ríos donde la mortalidad por cáncer en niños, niñas y adolescentes fue significativamente superior a la observada en otras áreas de la región entre 2000 y 2019.
La investigación analizó 2.415 defunciones por cáncer registradas en personas de entre 0 y 19 años en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos durante un período de veinte años.
A partir de técnicas de epidemiología espacial, los investigadores identificaron sectores con riesgos de mortalidad superiores o inferiores a los esperados para la población estudiada.
Uno de los principales hallazgos fue la detección de un área de mayor riesgo integrada por los departamentos santafesinos de Belgrano, Caseros, Constitución, Iriondo, Rosario y San Lorenzo, además del departamento Victoria, en Entre Ríos.
Según los autores, en esa zona el riesgo de morir por cáncer antes de los 20 años resultó un 32% superior al esperado.
En sentido contrario, el trabajo identificó una zona de menor riesgo en el norte y noroeste de Córdoba, integrada por los departamentos Colón, Cruz del Eje, Ischilín, Punilla, Río Primero, Río Seco, Sobremonte, Totoral y Tulumba.
Para intentar explicar esas diferencias territoriales, el equipo analizó dos factores ambientales presentes en la Región Centro.
El primero fue el porcentaje de población expuesta a concentraciones elevadas de arsénico en el agua destinada al consumo humano.
El segundo consistió en un indicador de hectáreas sembradas por habitante, utilizado como aproximación a la intensidad de la actividad agrícola y, de manera indirecta, a la exposición comunitaria a los agroquímicos.
Arsénico y agroquímicos usados en beneficio de un modelo productivo que es pensado para quienes no respirarán el aire contaminado ni beberán el agua infectada.
De allí que no cede la cantidad de agrotóxicos que se vende en distintos lugares de la cápsula espacial llamada planeta Tierra.
Por eso, entre los números que multiplican millones de dólares para pocos, también están estas cifras de la inversión fenomenal en dolor humano de familias que únicamente son víctimas de un negocio multinacional que necesita de los venenos para crecer en volúmenes de flujos de dinero que luego se lavan en grandes bancos.
Por eso es fundamental destacar el coraje de los investigadores de las universidades públicas que al difundir estos estudios desafían las distintas formas de resignaciones que luego también serán causales de esas muertes por cáncer que, en realidad, derivan de un sistema productivo que destruye la naturaleza y también la vida humana.
Un verdadero ejemplo a multiplicar en la Argentina que se desvanece.
Fuente: Diario “La Capital”, Rosario, nota de Luis Emilio Blanco, sábado 5 de septiembre de 2026.